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domingo, 7 de septiembre de 2014

Mapa conceptual de la lectura N°9: Cómo investigar la historia. El arte de saber buscar



Recomendaciones a la hora de entrevistar

Reportear con los cinco sentidos: la mayoría de historias que se leen hoy en los medios latinoamericanos están cargadas de ideas, citas de expertos y conclusiones, pero en general carecen de referencias visuales o auditivas.Por eso, el periodista norteamericano Tom Wolfe recomienda “educar el ojo y la mirada” y Kapuscinski invita a los reporteros a trabajar como si fueran fotógrafos: “La fotografía se dirige hacia un aspecto muy distinto del hombre. La fotografía es una excelente escuela que ensela a trabajar con detalles.

Descubrir los detalles: es más creíble la historia de alguien que cuenta los detalles de lo sucedido que el que se justifica con generalizaciones. Un detalle ilumina una situación. Los estadounidenses se refieren al detalle revelador como aquél que hace avanzar el relato.

Buscar las escenas: durante la reportería se debe conseguir información que permita la construcción de escenas en el artículo. La mayoría de las personas emiten con facilidad juicios de valor pero son incapaces de narrar situaciones o anécdotas. Y cuando se llega a escribir la historia se encuentra con cientos de ideas y ninguna historia humana que las encarne.

Investigar las cifras: las cifras son importantes porque delimitan los problemas y dan una referencia que es fácilmente entendible por todos los lectores. Las cifras también sirven para probar la veracidad de la fuente porque son más difíciles de inventar. Por último, las cifras permiten inferir tendencias o patrones.

Entrevistar sin preguntar: en Estados Unidos está en boga (auge) el periodismo polilla, que son historias en las que el periodista pasa un tiempo en un lugar, volviéndose prácticamente invisible y narrando sus observaciones sin entrevistar a nadie.

Hacer preguntas para ganar tiempo: durante la reportería es bueno hacer preguntas triviales que dan al periodista la posibilidad de  apuntar como está vestido el entrevistado, los tics que tiene al hablar, cómo está decorada la oficina y así no se pierde información importante.

Buscar la acción sicológica: los periodistas no siempre son tan buenos para explorar emociones y pensamientos, pero muchas veces allí residen las verdaderas historias. Es el efecto camaleón: meterse en la mente del personaje para vivir el mundo a través de su sistema nervioso.

Registrar los diálogos: la gente habla de una manera particular, y a veces registrar su lenguaje textualmente enriquece un artículo. Se debe hacer reportería de lo que dice la gente y cómo lo dice para poder escribir un artículo robándose esas mismas palabras, lo cual enriquecerá el texto.

Nunca asumir que se sabe: la grandeza de un periodista radica cuando nunca asume que entiende algo. ¡Es increíble la cantidad de veces que los entrevistados sorprenden a los periodistas cuando estos se atreven a preguntar cosas aparentemente insignificantes!

Convertir las respuestas editoriales en informativas: es muy común que los entrevistados respondan a las preguntas con adjetivos. El mal reportero salta a la siguiente pregunta. El bueno convierte ese adjetivo en sustantivos.

Reportear en contra de los prejuicios: es inevitable que el periodista tenga una posición sobre el tema que va a escribir. Un buen periodista primero enfoca su trabajo a probar con hechos que su intuición inicial puede estar errada. Es la única forma de combatir los sesgos naturales que tiene todo reportero. Para ello, hay que identificar los propios prejuicios sobre el tema.

Buscar una respuesta del afectado: si se está escribiendo un artículo negativo sobre alguien, se tiene la obligación de hacérselo saber antes de publicarlo. Si el implicado ofrece su versión de los hechos, la historia sería más justa pero si no lo hace, es necesario precisar en el artículo que la fuente se abstuvo de dar declaraciones.

Preguntar, preguntar y preguntar: para relajar el ambiente en una entrevista es bueno comenzar con algunas preguntas personales como el nombre y el oficio. Una vez el entrevistado se relaja se comienzan a hacer las preguntas según el plan previamente diseñado.

En una entrevista no se debe hacer:


  • Inducir preguntas poniéndole al entrevistado declaraciones en la boca
  • Formular más de una pregunta a la vez
  • Convertir las preguntas en discursos
  • Emitir juicios de valor sobre las respuestas del entrevistado
  • Hacer preguntas que sólo admiten un sí o un no

Lo que sí se debe hacer es, por ejemplo, si el entrevistado evade una pregunta pasar a la siguiente y más tarde retomar al mismo punto.

Verificar toda la información: es indispensable comprobar todos los datos que nos den. Por ejemplo, el nombre de las personas, las direcciones, los teléfonos, la edad. Además, hay que pedir pruebas de lo que la gente afirma: que muestren documentos que respalden la afirmación o anécdotas que la ilustren.

Sospechar de otros medios, sobre todo de internet: cuando se trata de información divulgada en internet, la labor de verificación debe ser aún más estricta pues el carácter democrático del medio permite que cualquier persona publique lo que quiera. Por eso es mejor utilizar información de páginas de instituciones de reconocida credibilidad.

Tratar bien a las fuentes: si a una fuente se le promete confidencialidad, se le debe guardar. Si se le promete retrasar la publicación de la historia a cambio de que le den más información, hay que hacerlo. Si se le promete leerle la historia antes de publicarla, se debe hacer. El reportero debe hacerle sentir al entrevistado que él también le interesa como persona. Es asunto de decencia y además le permite conservarlo como fuente para el futuro.

Ampliar el directorio de fuentes: al finalizar la entrevista, es bueno preguntarle al entrevistado si conoce otras personas que puedan ayudarle con la investigación. Algunos redactores escriben en su libreta de apuntes estos nombres y una breve descripción de quien es y por qué servirá para la historia. Este listado también ayuda a precisar el nivel y la calidad de las distintas fuentes. Es decir, demasiados expertos y ningún protagonista, cosa que se reflejará después.

Entrevistarse a sí mismo: es clave tomarse unos minutos al finalizar la entrevista para anotar ciertas ideas en el mismo cuaderno y así anotarlas al momento de escribir.

Saber cuándo terminar la reportería:¿cómo se sabe que ya es suficiente? Cuando se comienza a repetir las respuestas y cada entrevista adicional no aporta un valor a lo que ya se tiene.

Usar o no la grabadora: es recomendable grabar aquellos testimonios reveladores o aquellas declaraciones que serán reproducidas basadas en el formato de la entrevista directa (pregunta-respuesta)

Algo más

El redactor novato tiende a citar a todas las personas que entrevistó, independientemente de si el texto lo exige o no, para que la fuente quede satisfecha. No es una buena idea. El único amo del periodista es el lector

Una fuente puede hablar bajo las siguientes modalidades:

On the record, o para citar.
Off the record, o bajo cuerda.
Para contexto.
Para no usar.

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